Los niños de Camargo que padecen alguna discapacidad ya no tienen que desplazarse a otros lugares para aprender a nadar, pues la Concejalía de Deportes ha incluido en su oferta de cursos de natación en el Centro Cultural La Vidriera uno adaptado a las características de estos pequeños. Así, desde primeros de este mes, tres niños con Síndrome de Down reciben nociones para aprender a nadar, y realizan ejercicios y juegos que les permiten desarrollar su capacidad motora y sincronizar los movimientos.
Sonia (11 años), Eduardo (9) y Héctor (5) están encantados de disfrutar en el agua todos los viernes. Eso sí, se muestran más seguros en la piscinas pequeña, de menor profundidad, que en la grande, donde necesitan ayuda para mantenerse a flote. El monitor, Daniel Calvo, y dos de los padres les ayudan en esta tarea.
A Fidel Sainz, padre de Sonia, que vive en Muriedas, le parece «genial» que su hija pueda hacer el curso en Camargo: «Llevábamos mucho tiempo peleando, nueve años, para que se hiciera el curso en La Vidriera. Sonia ha hecho otros cursos, pero nos teníamos que desplazar a Santander».
A la madre de Héctor, le parece «muy bien» la idea del curso. Cristina José Pardo, que hace tres años que reside con su familia en Camargo, señala que «entre todos los padres hemos conseguido que se haga el curso en La Vidriera. Se ha logrado gracias al nuevo concejal de Deportes». Explicó que su hijo ya ha hecho otros en Santander, pero «aquí nos coge más cerca. Además, era una pena tener un municipio con estas instalaciones y que no las pudieran aprovechar todos los vecinos». Sonia y Héctor acuden al mismo colegio, Matilde de la Torre de Muriedas, y a la Fundación Síndrome de Down.
Agustín Santiago acompaña a su hijo Eduardo a este curso, que califica como «una buena iniciativa por parte del Ayuntamiento». Aunque residen en Santander, el niño estudia en el Colegio Pedro Velarde de Muriedas, por lo que está vinculado a Camargo y prefiere hacer el curso en La Vidriera.
Por su parte, el concejal de Deportes, Ricardo Amigo (ACaP), explica que esta actividad se puso en marcha tras una reunión con los padres, donde manifestaron su inquietud de que sus hijos pudieran hacer cursos de natación en las piscinas de La Vidriera. «La propuesta nos pareció bien y nos comprometimos a que los niños tuvieran un trato normal, no especial, como el resto de los vecinos», señaló Amigo, quien indica que «se les ofertó una serie de horas y los padres eligieron el viernes, a las 16,30». Los cursos duran dos meses.