Tras sufrir siete meses de ruidos, vibraciones, e interponer una decena de reclamaciones ante el Ayuntamiento, los vecinos se han visto obligados a acudir a la Justicia para exigir a los responsables del IMD que insonoricen las máquinas de la piscina Fundición. Son ya varios los casos de crisis de ansiedad, insomnio y otros problemas médicos por los ruidos.
La denuncia va más allá y apunta a un presunto delito de prevaricación por parte de los responsables del IMD. "La falta de la firma en la recepción de la obra por Dragados -constructora de las instalacione de las piscinas - impide según la ley garantizar la seguridad del edificio", se explica en la denuncia. Es más, los vecinos prueban que la recepción de la obra se produjo después de su inauguración. El centro deportivo abrió en marzo de este año, en vísperas de las elecciones municipales. Desde el primer mes los vecinos comenzaron a presentar quejas en el Ayuntamiento, la Policía Local, el Defensor del Pueblo Andaluz y el Defensor del Pueblo Español. Pero el ruido y las vibraciones aún les quitan el sueño.
Entre los propietarios que sufren las molestias se encuentran arquitectos e ingenieros, que lograron entrar en el centro deportivo para inspeccionar la construcción. "La situación es aún peor de lo que imaginábamos", comentaron los vecinos al reseñar sus inspecciones: las máquinas no tienen aislamiento acústico y están a escasos metros de la medianera de los edificios colindantes; en la recepción de las obras se constata que las calderas, las depuradoras y otras máquinas no se sometieron a pruebas antes de la apertura del centro; y el personal de mantenimiento desconoce el funcionamiento de estas máquinas. "¿Qué ocurriría en caso de un escape de gas si nadie en la instalación conoce la manera de parar las máquinas?", se preguntan.
Los vecinos se sienten "indefensos y torturados" por la Administración en sus propias casas. Técnicos municipales realizaron mediciones de ruido aéreo y en su informe constataron que la piscinas supera los límites permitidos en las normativas. Transcurren los meses y la espera se convierte en insoportable para los vecinos. A una de las propietarias, el médico le retiró incluso la lactancia de su bebé por las secuelas del ruido y las vibraciones. "Exigimos el cierre de la instalación hasta que pueda abrirse sin perjuicio de ningún ciudadano", concluyen.
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