Se estima que más del 85% de los ahogamientos son accidentales, constituyéndose la muerte por inmersión en la primera causa de muerte de niños entre 1 y 4 años durante estos meses del año. "Es una situación dramática, que generalmente afecta a niños sanos, los que pueden morir o quedar con graves secuelas neurológicas", afirma Mónica Canales, docente de la Facultad de Enfermería de la Universidad Andrés Bello.
Explica que piscinas de cualquier tamaño, la tina de baño, lavaderos y hasta lavadoras representan un potencial peligro para los niños, que se incrementa peligrosamente si los menores no tienen supervisión de un adulto. "Por su nivel de desarrollo motriz les cuesta pedir ayuda, tampoco son capaces de sacar la cabeza fuera del agua, y la gran mayoría no sabe nadar", ilustra Canales.
Falsa seguridad
Nunca dejar a los niños solos es una regla fundamental. Atender el teléfono, la puerta o regresar a la cocina para apagar el fuego pueden implicar un par de segundos, pero eso es todo lo necesita para que el niño gatee, camine o corra hacia la piscina o pileta. "Si está sola y tiene que atender el teléfono o la puerta, no confíe que otro niño lo cuide, es mejor que envuelva al menor en una toalla y lo lleve consigo", aconseja la especialista de la U. Andrés Bello.
Para las piscinas, se recomienda instalar un cerco o reja de un mínimo de 1.5 metros de altura, así como una puerta con cerradura fuera del alcance del niño. También es vital que retire todos los juguetes del área de la piscina para evitar que el niño intente recuperarlos cuando esté solo.
Asimismo, artículos inflables como salvavidas, flotadores y botes pueden proporcionar una falsa sensación de flotación y no son efectivos a la hora de proteger una eventual asfixia por inmersión. Es un error confiar en estos la tarea de un adulto: siempre estar con el niño.
Mónica Canales recomienda usar chaleco salvavidas provisto de correa entre las piernas y soporte para la cabeza, ya que el cuello rígido permitirá al niño mantener la cabeza erguida y la cara fuera del agua.
En todo lugar
Tanto en piscinas, ríos, estanques, lagos y el mar, es indispensable que el menor entienda la necesidad de estar acompañado una vez que ingresa al agua. "Nadar en grupo es una buena forma de asegurarse que siempre habrá alguien pendiente de su hijo, quien además debe entender que nadar en una piscina es distinto que hacerlo en un lago o en el mar y que existen peligros que se deben evitar", enfatiza.
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